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HORTMA GARDENS

El manzano: guía completa para su cultivo y cuidados

marzo 26, 2025
Ilustración de un manzano frondoso cargado de frutos rojos en un paisaje campestre, con flores silvestres en primer plano y colinas al fondo. Imagen utilizada en hortmajardines.com.

El manzano (Malus domestica), también conocido como manzano común o pomera, es un árbol frutal de hoja caduca perteneciente a la familia de las rosáceas (Rosaceae). Es originario de Asia Central y su cultivo se ha extendido a todas las zonas templadas del planeta. Su uso principal es la producción de manzanas, uno de los frutos más consumidos y versátiles en la gastronomía mundial, destinándose a consumo en fresco, cocina y repostería, así como a la elaboración de sidras y zumos, además de contar con diversos usos medicinales.

Índice

Caracteres culturales del manzano

Temperamento

Los manzanos son especies que se desarrollan mejor a pleno sol, requiriendo de 6 a 8 horas de luz directa al día para un desarrollo óptimo. Bajo sombra densa la producción de manzanas disminuye notablemente, por lo que es un punto importante a tener en cuenta.

Porte

Los manzanos son árboles de tamaño mediano, alcanzando alturas de 10 metros en pleno desarrollo, si bien actualmente es común el uso de portainjertos enanizantes que limitan su tamaño a 2-4 metros de altura para facilitar la recolección del fruto. Estos portainjertos hacen del manzano una especie ideal para cultivar en huertos pequeños.

La copa de los manzanos es redondeada abierta y sus numerosas ramas se extienden hacía fuera permitiendo la entrada uniforme de luz. Su tronco es grisáceo y sus hojas verdes, pecioladas, con forma obtusa de base redondeada, borde aserrado y un envés pubescente. Son hojas caducas por lo que en invierno sus ramas estarán desnudas.

Crecimiento y longevidad

El manzano presenta un crecimiento moderado. En pies sobre patrón franco (nacido de semilla) puede tardar entre 6 y 10 años en alcanzar su madurez juvenil y dar los primeros frutos, pero existen portainjertos enanizantes que pueden fructificar a partir del tercer año. En cuanto a la longevidad, esta dependerá de la variedad, patrón y condiciones ambientales, pero en condiciones óptimas un manzano puede vivir entre 60 y 80 años, siendo menor su ciclo productivo (25 a 50 años).

Floración y reproducción

Ramillete de flores blancas y rosadas de manzano en plena floración, con pétalos delicados y estambres amarillos. Imagen de hortmajardines.com

Las flores del manzano aparecen en primavera, suelen agruparse en corimbos de 4-6 flores pero normalmente solo una o dos llegarán a fruto. Son hermafroditas, aun que no es común que se autopolinicen, es decir, requieren de polinización cruzada entre distintas variedades de manzano. Por esta razón debemos tener al menos dos ejemplares de variedades distintas que florezcan al mismo tiempo, que permitan la fecundación mediante polinizadores como las abejas, imprescindibles en el proceso.

Una vez conseguida la fecundación, el fruto tardará unos meses en madurar. De este fruto (las manzanas), saldrán las pepitas (semillas) que darán lugar a nuevos ejemplares híbridos. Esta es la forma natural por la que se diseminan los manzanos, pero no es la recomendable en el cultivo ya que serán ejemplares genéticamente distintos a la planta madre. Para perpetuar una variedad con sus mismas características, la técnica estándar es el injerto, como veremos más adelante.

Clima y suelo apropiados para el manzano

El manzano se desarrolla mejor en climas templados, con veranos moderados (con temperaturas medias en torno a los 20-25ºC) e inviernos fríos que favorezcan su necesario letargo invernal, sin el cual los manzanos pueden experimentar un retraso en la brotación primaveral, una floración incompleta e incluso caída de sus flores. Durante la parada vegetativa toleran muy bien las bajas temperaturas y las heladas fuertes. En cambio no toleran las heladas tardías una vez iniciada la floración, como tampoco las exposiciones prolongadas a temperaturas superiores a 35ºC, que pueden llegar a estropear el fruto.

Por otro lado, el manzano prefiere condiciones de humedad moderadas. En climas cálidos y secos, el riego suplementario es esencial para evitar el estrés hídrico ya que no tolera bien la sequia prolongada, mientras que en regiones muy húmedas se debe controlar la humedad para prevenir enfermedades fúngicas.

En cuanto a los caracteres edáficos, los manzanos se desarrollan mejor una suelos francos con un buen drenaje (no toleran encharcamientos permanentes), profundos (aunque gracias a su sistema radical superficial pueden vivir en suelos poco profundos) y con un pH de reacción neutra (pH≈7). En cambio, no toleran bien los suelos muy arenosos, graveras, arcillas compactas, suelos con una alta salinidad o con gran cantidad de caliza activa.

Plantación y multiplicación de manzanos

A la hora de escoger donde plantar manzanos es importante evitar zonas donde se acumule el aire frio por los daños que causan las heladas tardías en sus flores. Estos lugares son fondos de valles o laderas con elementos que retengan el aire frio (como setos). Por tanto, si el terreno no es liso, debemos plantar los manzanos en la parte más elevada de la ladera sin exponerlos directamente al viento. También es buena idea plantarlos junto a regueras, ya que aprovechan muy bien la humedad de estos suelos.

En cuanto a la separación entre árboles, para variedades enanas debemos dejar unos 2 metros entre cada ejemplar. Para los pies altos, una separación óptima sería en torno a los 5 m.

Una vez escogido el sitio debemos preparar el terreno mediante una cava en profundidad e inversión de tierra, compactando bien el terreno pero asegurando siempre un buen drenaje. Es conveniente añadir a este proceso un abonado verde siempre que sea posible. Después de esto, dejaremos que el terreno se asiente durante quince días. Por lo demás, el proceso de plantación es el mismo que para cualquier árbol frutal. Si no sabes cómo hacerlo, puedes consultar nuestra guía para plantar frutales.

El mejor momento para plantar manzanos es durante la parada vegetativa. Lo ideal es hacerlo en otoño una vez el ejemplar haya perdido las hojas, pero en regiones donde los inviernos son muy fríos con heladas fuertes y constantes, lo más conveniente es retrasar la plantación a finales de invierno o principios de primavera, justo antes del comienzo de la brotación.

En cuanto a la multiplicación de manzanos para su cultivo, como ya se ha comentado no se utilizan semillas, si no injertos. Las semillas solo son utilizadas para obtener nuevas variedades, pero una vez encontrada la variedad adecuada, estas serán reproducidas por vía vegetativa.

Los manzanos se cultivan mayoritariamente sobre patrones enanos pero hay multitud con distintas características. Los patrones más comunes son el M9 (da manzanos pequeños y de frutos grandes, pero demanda suelos de calidad), M26 y M106 (manzanos semi-enanos, robustos y de buen anclaje, pero sensible a encharcamientos) o M25 (buenos ejemplares de gran tamaño). Existen otras opciones como M2 y M111, que permiten el cultivo de árboles grandes en suelos pobres. La elección del patrón por tanto deberemos hacerla en función de las características de nuestro terreno.

Cuidados del manzano durante el crecimiento

Poda del manzano

Para los manzanos, existen dos tipos de poda con diferentes propósitos:

  • Poda invernal. Esta poda se realiza durante la parada vegetativa (mejor a finales de invierno para asegurar una buena cicatrización) con el objetivo de dar una forma óptima al árbol. Se deben retirar ramas muertas, dañadas, enfermas o entrecruzadas, además de los nuevos brotes no deseados. Esto se hace para descongestionar la copa y corregir el crecimiento desmedido, facilitando así la entrada de luz y aire durante la temporada de producción. Hay que tener en cuenta que estas podas potencian el crecimiento del árbol pero a su vez reducen la producción de fruto, por lo que una vez el pie alcance la altura definitiva, estas podas invernales se deben reducir al mínimo.
  • Poda estival. Se lleva a cabo a finales de primavera o principios de verano y su función es estimular la fructificación. Su ejecución consiste en cortar ligeramente las puntas de los brotes jóvenes eliminando la yema terminal, lo que estimula las yemas laterales, que son las que florecerán y posteriormente fructificarán. Estas podas deben ser ligeras y selectivas.

Riego para manzanos

Aportar agua a los manzanos es crucial, sobre todo en climas secos. Los manzanos necesitan suelos con humedad moderada pero constante, por lo que conviene un riego regular. Durante el primer año se debe regar 2-3 veces por semana en verano para asegurar un buen enraizamiento. Una vez establecido el ejemplar, la frecuencia de riego dependerá del clima y el tipo de suelo (en suelos francos, semanales y profundos; en arenosos, frecuentes y ligeros; en arcillosos evitar encharcamientos, etc).

Para conservar la humedad del suelo proporcionada por el riego, se recomienda mantener un acolchado (mulching) alrededor del árbol, que además ayuda a suprimir hierbas competidoras. También es conveniente ir reduciendo progresivamente el riego durante el otoño, favoreciendo el endurecimiento de la madera de cara al invierno.

Mejora del suelo

Para el manzano conviene mantener un equilibrio nutricional mediante la incorporación de materia orgánica (compost o estiércol descompuesto) y fertilizantes minerales específicos alrededor de la base del tronco. Se suele aplicar a inicios de primavera nitrógeno para favorecer la brotación (sin excederse, ya que puede producir muchos brotes débiles susceptibles a plagas) y potasio para fortalecer la madera y estimular la calidad del fruto.

Las manzanas

El fruto del manzano es la manzana, un pomo globoso de 4 hasta 10 cm de diámetro. Es un fruto compuesto: la parte carnosa proviene del receptáculo floral engrosado, mientras que el verdadero fruto son las membranas coriáceas del corazón que envuelven las pepitas. Presentan una fina piel cuyo color depende de la variedad. La pulpa es blanquecina, jugosa y crujiente en variedades de mesa, más harinosa en algunas de cocina.

Primer plano de una manzana bicolor roja y verde colgando del árbol, rodeada de hojas verdes. Imagen de hortmajardines.com

Las manzanas maduran a finales de verano o durante el otoño, dependiendo de la variedad. Una vez madura el fruto, debe recolectarse preferentemente a mano, girando suavemente la manzana y tirando para que se desprenda. Al hacerlo es importante evitar golpes o caídas que puedan ocasionar lesiones en el fruto que deriven en podredumbre.

Las manzanas, especialmente las de maduración tardía, aguantan largos periodos almacenadas. Lo ideal es disponer de un espacio con paredes gruesas, suelos de piedra o tierra, ventilación adecuada y cierta humedad. Aquí, las manzanas deben colocarse sobre una tela evitando que se toquen entre si; si no disponemos del espacio suficiente y no queda más remedio que almacenarlas juntas, podemos envolverlas en papel de periódico. La temperatura ideal para su almacenaje es de 4ºC.

A lo largo de la historia se han desarrollado multitud de variedades, cada una con características únicas en sabor, textura y color, que determinan sus distintos usos. Se consumen frescas las variedades con pulpa firme, jugosa y con un buen equilibrio entre dulzor y acidez (como Gala, Fuji o Golden Delicious); en cocina y repostería se utilizan aquellas que tienden a deshacerse fácilmente (como la Reineta); y para la elaboración de sidras y zumos, se prefieren variedades ricas en taninos y de fácil fermentación (como la Raxao o la Ragona).

Plagas y enfermedades más comunes del manzano

Gusano de las manzanas (Cydia pomonella)

Los gusanos de las manzanas (Cydia pomonella) constituyen la principal plaga del manzano. Su forma adulta es una pequeña polilla de unos 2 cm, que depositan sus huevos en las flores y hojas del manzano. De estos huevos salen sus larvas, unas pequeñas orugas que penetran en las manzanas excavando galerías hacia el centro alimentándose de su pulpa. Esto provoca la caída prematura de los frutos afectados.

Para el control de esta plaga, una solución eficaz para reducir la población es colocar tela de saco alrededor del tronco y ramas principales a mediados de verano. Las orugas se refugiarán bajo estas telas para pasar a su estado de pupa, por lo que al llegar el otoño, las telas deberán retirarse y quemarse. También es muy recomendable retirar las manzanas que vayan cayendo al suelo, así como restos de madera de podas que puedan servir como refugio.

Como medida preventiva, puede aplicarse caolín (arcilla blanca) sobre hojas y frutos, ya que la polilla evita depositar sus huevos sobre superficies cubiertas con esta sustancia. Es importante tener en cuenta que el tratamiento con caolín debe repetirse después de lluvias intensas que puedan haber lavado. El uso de insecticidas químicos solo se aconseja cuando la plaga esté muy extendida y amenace con causar pérdidas considerables en la cosecha.

Pulgón lanígero del manzano (Eriosoma lanigerum)

El pulgón lanígero es una de las plagas más dañinas para los ejemplares jóvenes de manzano. Se trata de unos pulgones ovalados de unos tres milímetros, recubiertos por pequeños filamentos blanquecinos. Las hembras depositan sus huevos durante el otoño, aunque las larvas no eclosionan hasta la primavera, momento en el que comienza a desarrollarse la colonia.

Rama de manzano infestada por pulgón lanígero, mostrando filamentos blancos algodonosas características de esta plaga. Imagen de hortmajardines.com

Su identificación es sencilla debido a las masas algodonosas que producen en callos de poda, heridas o cicatrices de la madera. También pueden afectar, aunque en menor medida, a las raíces gruesas próximas al cuello de la planta.

Estos pulgones sustraen la savia del árbol pudiendo llegar a debilitar el pie. Sin embargo, el daño más grave es causado por su saliva, que provoca una reacción en los tejidos vegetales, generando tumores y nudosidades que facilitan la entrada de patógenos como hongo responsable del chancro del manzano.

El control del pulgón lanígero es bastante complicado. La mejor prevención consiste en seleccionar patrones resistentes a esta plaga al plantar nuevos ejemplares, especialmente en zonas con riesgo conocido de infestación.

En caso de que alguno de nuestros ejemplares se vea afectado, si la infestación es leve puede eliminarse con un cepillo, pero si no, durante la poda se deben eliminar y quemar todos los brotes y ramas infestadas para erradicar las colonias, sellando inmediatamente los cortes con un mástic cicatrizante. Además, es posible llevar a cabo un control biológico con Aphelinus mali, una avispilla que pone sus huevos en el cuerpo de estos pulgones.

Si la infestación es grave puede recurrirse a un control químico con insecticidas sistémicos. No obstante, este método es complejo y debe aplicarse con precaución para evitar daños a insectos beneficiosos y fauna auxiliar

A pesar de estas medidas, en ocasiones no es posible controlar completamente esta plaga, especialmente cuando la colonia está muy desarrollada. En estos casos extremos, la única solución efectiva será eliminar y quemar por completo el árbol afectado para evitar que pueda afectar a otros pies.

El gorgojo del manzano (Anthonomus pomurum)

El gorgojo del manzano es un pequeño coleóptero que deposita sus huevos en las flores del árbol provocando que se marchiten. Cada larva destruye una flor, por tanto si la plaga está extendida, puede reducir considerablemente la producción de fruto. Los gorgojos adultos también se alimentan de las hojas del manzano, pero estos daños no son tan relevantes.

Para su monitoreo, conviene revisar en la época previa a la floración (cuando las yemas adquieren coloración rosada) si se observan gorgojos adultos sobre el manzano o pequeños orificios de puesta en las yemas.

Para su control, pueden colocarse bandas adhesivas alrededor del tronco que atrapen a los gorgojos que suben desde el suelo; sin embargo esto no es un método infalible, ya que pueden acceder a las flores desde otras plantas o volando. Si se poseen pocos manzanos, en las mañanas frías, cuando los gorgojos están entumecidos, se deben sacudir las ramas, colocando previamente una tela blanca bajo el manzano donde caerán los gorgojos, lo que nos permitirá retirarlos y eliminarlos. También ayuda la eliminación de ramas muertas y restos vegetales para reducir los lugares donde puedan hibernar.

Oídio del manzano

El oídio o mildiu polvoriento del manzano es una enfermedad fúngica causada por Podosphaera leucotrincha, capaz de causar grandes daños. El micelio de este hongo aparece cubriendo principalmente las hojas, pero también puede aparecer sobre flores, brotes y frutos, presentando un aspecto de ceniza o polvillo blanquecino.

Hojas de manzano cubiertas por una capa blanquecina de oídio, un hongo común que afecta a los frutales. Imagen de hortmajardines.com

Durante el invierno, el hongo sobrevive en las yemas infectadas, las cuales se distinguen fácilmente por estar cubiertas por una borra algodonosa. En primavera, las hojas que emergen de estos brotes infectados estarán completamente cubiertas por el hongo, sirviendo como fuente de propagación hacia las hojas de brotes no infectados. Los daños causados por esta enfermedad son severos, ya que reducen la capacidad fotosintética y la polinización, provocan deformaciones y pueden inducir la caída prematura de hojas y frutos. Aunque es raro que el oídio llegue a matar al manzano, puede afectar considerablemente la cosecha.

Para su control, es esencial eliminar y quemar todas las yemas afectadas durante el invierno, ya que constituyen los focos de infecciones primarias a partir de los cuales se propaga la enfermedad. Durante el periodo vegetativo, también deben eliminarse los brotes oidiados conforme se vayan identificando. Además, es importante evitar riegos excesivos y abonados nitrogenados en demasía. Si a pesar de estas medidas aparecen síntomas durante la brotación, se recomienda tratar el árbol con fungicidas específicos contra el oídio.

Chancro

El chancro o cancro, es una enfermedad causada por el hongo Neonectria galligena, que afecta principalmente a los manzanos. Este hongo infecta al árbol a través de heridas en el tronco o ramas, sobre todo en los periodos más húmedos, formando lesiones necrosadas que van aumentando su tamaño concéntricamente. La madera necrosada se va hundiendo, agrietando y secano, exudando savia en ocasiones. Si el cancro llega a rodear el perímetro del tronco, acaba causando la muerte del árbol por anillamiento (impide el flujo de savia).

Para su prevención es imprescindible tapar las heridas y cortes de poda con mastic cicatrizante para evitar la entrada del hongo. Una vez infectado el pie, debemos eliminar y quemar las ramas afectadas, realizando el corte al menos 15 cm por debajo de la lesión. Si la herida se encuentra en el tronco principal, podemos raspar la infección hasta la madera sana, tratar la herida con fungicida y tapar con mastic. Eso si, estas heridas en troncos son difíciles de erradicar.

Bibliografía

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