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HORTMA GARDENS

El cerezo: guía completa de sus cuidados

enero 28, 2025
Preciosa ilustración de cerezo en flor (prunus avium)

El cerezo (Prunus avium), también conocido como cerecera o cerezal, es un árbol frutal de hoja caduca perteneciente a la familia de las rosáceas (Rosaceae). Es originario de Europa, oeste asiático y norte de África. Su uso principal es la producción de fruto, pero también es utilizado de forma ornamental por su característica floración y su madera de gran calidad hace que sea una especie muy apropiada para ebanistería.

Índice

Caracteres culturales del cerezo

Temperamento

El cerezo es una especie de temperamento robusto, heliófila. En otras palabras, es una especie a la que le favorece la luz solar directa, creciendo mejor en ambientes bien iluminados. Es importante tener esto en cuenta a la hora de plantar nuestro ejemplar si queremos que prospere de forma adecuada.

Porte y enraizamiento

Los cerezos son árboles con un porte grande, que en condiciones naturales favorables puede alcanzar los 20 metros de altura (en ocasiones incluso los 30 metros) y ocupar una extensión de 45 m^2, pero en una plantación o jardín lo normal es que no supere los 8 metros. Su copa es amplia y de forma piramidal, y posee un tronco liso y gris que se desprende en tiras finas. Sus hojas son ovaladas, simples, de borde aserrado, envés ligeramente tomentoso y largo peciolo.

En cuanto al sistema radical del cerezo, se considera no pivotante (no desarrolla una raíz principal dominante), es fasciculado (las raíces emergen desde un mismo punto, proporcionando gran estabilidad) y muy ramificado. Sus raíces tienden a hundirse a gran profundidad, por lo que se desarrollan mejor en suelos profundos.

Crecimiento y longevidad

Prunus avium es una especie de crecimiento rápido, sobre todo en sus primeros años, que va disminuyendo con la edad. Esto dependerá como es lógico de las condiciones climáticas, edáficas, cuidados realizados y el método de propagación empleado.

En condiciones naturales muy favorables, los cerezos pueden alcanzar los 120 años de longevidad, pero lo normal es que no superen un rango de 70-100 años. Los cerezos cultivados tienen una vida aun menor, llegando en condiciones óptimas a los 40-50 años, y siendo productivos unos 20-30 años.

Floración y reproducción

Los cerezos florecen en primavera a partir de los 3-4 años de edad, generalmente en el mes de abril, dando lugar a una floración que dura en torno a dos semanas. Sus flores son blancas, aparecen en ramilletes de 2 a 6 flores, poseen largos pedúnculos, y no son autopolinizantes, es decir, no pueden ser polinizadas por su propio polen (necesitan ser polinizadas por insectos). Estas flores, una vez polinizadas, darán lugar a las cerezas. En cuanto a la reproducción asexual, el cerezo es una especie capaz de rebrotar de cepa y de raíz.

Floración del cerezo (prunus avium)

Clima y suelo más apropiados para el cerezo

El cerezo se distribuye de forma natural en altitudes entre los 400 y los 1300 msnm, en zonas de cierta humedad con una precipitación media anual entre los 650 y los 1800 mm, y con un periodo de sequía estival no mayor a 2 meses.

Es una especie mesoterma que crece en climas templados, por lo que la temperatura media anual óptima para los cerezos se sitúa entre los 8ºC y los 14ºC. Por lo general es una especie que tolera bien el frio, pero hay que tener en cuenta que sus flores son muy sensibles a las heladas primaverales. Por esta razón es recomendable no plantarlos en zonas donde se produzcan embolsamientos de aire frio (zonas donde el aire frio no pueda estancarse).

En lo que respecta a los caracteres edáficos, los cerezos tienen preferencia por suelos profundos debido a la extensión que alcanzan sus raíces. Crecen mejor en suelos de textura franca ligera, con buena capacidad de retención de agua, pero a la vez bien drenados y libres de encharcamientos, ya que sus raíces superficiales son sensibles a la pudrición. En cuanto a la reacción, aunque tienen preferencia por suelos con pH de 4,5-6, es indiferente.

Plantación y técnicas de multiplicación del cerezo

A la hora de plantar un cerezo, como para todos los árboles frutales, será necesario preparar el suelo realizando una labranza total mediante una cava en profundidad. Debemos hacerla en un sitio que asegure el espacio suficiente para que el árbol crezca sin problemas sin que otros pies compitan con él durante su crecimiento. Si nunca has plantado un frutal y quieres aprender a como hacerlo, te recomiendo nuestra guía sencilla para plantar árboles frutales, donde explicamos paso a paso el proceso.

La época ideal para plantar cerezos se extiende desde finales de otoño, una vez que han perdido sus hojas al entrar en parada vegetativa, hasta finales de invierno. En climas donde el cerezo crece de forma natural, la plantación suele realizarse a finales de otoño. Sin embargo, en regiones más frías, puede ser preferible esperar hasta finales de invierno para evitar posibles daños en las plántulas causados por las heladas intensas.

Respecto a que ejemplar elegir para plantar, en el caso de querer plantar solo un cerezo, debemos elegir un árbol injertado con dos variedades distintas que florezcan al mismo tiempo, solucionando así el problema ya comentado de que un cerezo no pueda autopolinizarse. Si plantamos más de uno esto no será necesario, pero si que debemos asegurarnos de que los injertos seleccionados sean compatibles para completar la polinización.

Cuidados del cerezo durante el crecimiento

Mejora del suelo

Durante los primeros cinco años, el suelo bajo el cerezo debe mantenerse libre de vegetación y es recomendable aplicar aproximadamente 30 gramos de nitrógeno al año, utilizando fuentes ricas en este nutriente, como harina de sangre (equivalente a 225 gramos/año) o harina de semilla de algodón (equivalente a 500 gramos/año). La aplicación es sencilla: basta con esparcir el producto de manera uniforme alrededor de la base del tronco, evitando el contacto directo con la corteza. Una vez superado este periodo inicial, la cantidad de nitrógeno debe incrementarse a 140 gramos por año, ajustándose siempre a las necesidades específicas del árbol y las condiciones del suelo.

Riego

Los cerezos son árboles que requieren menos cantidad de agua en comparación la mayoría de frutales. El riego debe llevarse acabo hasta que el pie haya arraigado; una vez esto ocurra, la necesidad de riego del cerezo dependerá de la climatología. En climas templados, el riego generalmente no será necesario, salvo en periodos de sequía intensa.

Debemos tener cuidado de no sobrepasarnos con la cantidad de agua irrigada sobre estos pies, ya que las raíces superficiales son especialmente propensas a la pudrición. Por tanto lo que debemos hacer es mantener el sustrato húmedo pero nunca encharcado, garantizando un equilibrio óptimo para el desarrollo del árbol.

Poda

La poda en los cerezos es un proceso sencillo de seguir. En el primer año tras su plantación se deben cortar unos 15 cm de cada una de sus ramas. El segundo año se dejarán únicamente cinco ramas, podando el resto de ellas. En la tercera año, se podarán todas las ramas secundarias excepto dos en cada una de las ramas principales. Tras esto, en los años sucesivos solo deberemos eliminar las ramas que se dirijan hacia el centro de la copa y/o las que estén muertas. Estas podas deben hacerse durante la parada vegetativa justo antes de la brotación, excepto la poda de ramas viejas que se cortarán tras la recolección, aplicando pasta cicatrizante para protegerlas de infecciones.

Fruto

Los frutos del cerezo, conocidos como cerezas, aparecen en las ramas con más de 2 años una vez polinizadas sus flores. Son de forma globosa, de tacto suave y muy brillantes, y de una amplia gama de rojos (de más oscuros a más claros), dependiendo de la variedad. En su interior tienen un hueso también globoso. En el árbol aparecen en parejas, colgadas de un rabillo largo cada una.

Cerezas, los frutos del cerezo (Prunus avium)

La ventana de recolección de las cerezas es en primavera (mes de mayo), aunque hay algunas variedades más tardías que se recogen a principios de otoño. En cuanto a la técnica de recolección, se deben arrancar del cerezo junto al rabillo para evitar desgarrar el fruto una vez estén maduras y su consumo debe ser rápido antes de que se pongan en mal estado. La mejor opción para almacenarlos es en frigorífico, donde pueden aguantar de 7 a 10 días.

Aunque su uso alimenticio es principalmente como fruta fresca, también es común hacer mermelada con estos frutos o usarlos en repostería (tartas, madalenas, helados, etc).

Plagas y enfermedades comunes en los cerezos

Aves

Los pájaros serán nuestro principal problema en cuanto a plagas, sobre todo en épocas de recolección, ya que se alimentan de las cerezas causando en ocasiones un gran daño en la cosecha. Lo más sencillo para evitar estos daños es cubrir el cerezo con una malla protectora que evite que los pájaros puedan acceder al fruto.

Pulgón negro

Los pulgones negros se alimentan extrayendo la savia de las hojas del cerezo, lo que provoca que estas se ricen y deformen. Estas deformaciones favorecen la entrada y proliferación de otros patógenos, disminuyen la tasa de fotosíntesis y ensucian los frutos. Ponen sus huevos en la base de las yemas, en las grietas de corteza y en los brotes jóvenes.

Una opción ecológica para combatir esta plaga es pulverizar las zonas afectadas con jabón potásico, que deshidrata a los pulgones sin dañar la planta. Sin embargo, en muchos casos, este tratamiento no es suficiente y debe complementarse con un control biológico. Una buena opción para este control biológico es la introducción de depredadores naturales como mariquitas (Coccinella septempunctata) o crisopas (Chrysoperla carnea).

Otra opción, menos ecológica pero más eficaz, es la aplicación de aceite de parafina diluido en agua antes de la brotación. Esta mezcla actúa asfixiando a los pulgones al cubrirlos con una capa de aceite en el momento en que emergen de los huevos (que es cuando necesitan una mayor cantidad de oxígeno).

Mosca del cerezo

La mosca del cerezo afecta gravemente la producción de frutos. Las hembras depositan sus huevos bajo la piel de las cerezas y, tras unos días, las larvas eclosionan y se alimentan de la pulpa del fruto. Esto causa descomposición interna, manchas visibles y, en muchos casos, la caída prematura del fruto. Las larvas que caen al suelo se convierten en pupas y pasan el invierno enterradas bajo el cerezo.

Como métodos preventivos, es fundamental retirar las cerezas caídas y dañadas para reducir la población de larvas. Además, remover el suelo bajo los cerezos en otoño ayuda a exponer las pupas al frío y reducir su supervivencia. El aceite de neem puede usarse como repelente, pulverizándolo sobre los frutos y las hojas cercanas. También es común utilizar trampas cromáticas amarillas con adhesivo, que atraen y capturan a las moscas adultas.

Mal del plomo

El mal del plomo es una enfermedad fúngica causada por el hongo Chondrosterum purpureum que afecta a cerezos y otros frutales. Provoca una coloración plateada de las hojas, defoliación prematura y pudrición de la madera, que si no se trata puede matar al árbol. El hongo entra en el árbol a través de podas, heridas de ramas o grietas en la corteza, por lo que será fácil evitarlo aplicando pasta cicatrizante en ellas. En caso de que alguna rama esté afectada, debemos eliminarla.

Gomosis

La gomosis es una enfermedad que afecta a los cerezos, manifestándose como una secreción de goma (resina) en la corteza del tronco o las ramas. Este síntoma suele ser causado por factores como heridas en la corteza, estrés hídrico, encharcamiento o infecciones por hongos como Phytophthora spp.. La exudación de goma suele ir acompañada de necrosis en la madera subyacente, debilitamiento general del árbol e incluso la muerte de ramas afectadas.

Para prevenir esta enfermedad, es fundamental evitar heridas durante la poda, protegerlas con pasta cicatrizante y asegurar un buen drenaje del suelo para evitar encharcamientos. También es recomendable aplicar tratamientos con fungicidas autorizados en casos graves, así como mantener un manejo adecuado del riego para reducir el estrés hídrico y la susceptibilidad del árbol.

Bibliografía

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